David Escobar Galindo El Salvador
Las grandes espinas disfrazadas de lágrimas
Las grandes espinas disfrazadas de lágrimas que nos enterraron en el corazón los años, muelas impúdicas de la mentira organizada, invasión -desde el subsuelo- de ecuménicos cuarzos; hacia dónde se dirigen... hacia la rutina y el decreto, aplanando calles y personas, y ellas tan aparentemente prósperas, bronceadas por un sol enemigo jurado del misterio, en un apiñamiento de sombrillas y vestidos de moda; caminando vamos, entonces, por la ciudad de costillaje azul, hija de la aritmética, nieta del laberinto, y en ella gastamos el suero transparente de la virtud, el líquido seminal que palpita como un planeta en el vacío; yo no soy nadie para decir las edades del puente, para sacar de la alcantarilla al ladrón de legumbres, sólo me voy mascullando una viejísima lección entre dientes, y no me da pena abandonar este reino de edificios inútiles.
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